Y el pasado sábado fue uno de esos días que uno no quiere ni debe olvidar porque sucedieron muchas cosas pequeñitas que hicieron grande la fecha y que cuando pase mucho tiempo y relea estas líneas surgirá en mí esa sonrisa socarrona que tanto me agrada diciéndome: ”¡Qué bueno! Eso me pasó a mí”.
Una actuación en un lugar especial con una gente más ESPECIAL aún. La tarea que teníamos entre manos no era nada de fácil pero nuestra convicción de lo que hacemos y el porqué lo hacemos no tiene enemigo posible. Un público que no sabía a lo que venía:” ¿Psicodanza? Eso suena un poco a flipadillos”. “¿Personas con discapacidad bailando?” Y no sólo personas con discapacidad sino, individuos etiquetados desde el momento que nacieron, limitados por las circunstancias de su entorno que les han hecho poder desarrollarse más o menos dentro de sus posibilidades. El reto era importante. El resultado aún mejor.